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En Circo Volador nos interesa saber ¿qué piensas?, ¿qué opinas?, ¿qué cuentas?, ¿qué quieres compartir con nosotros y toda la banda del Circo?. Éste es tu espacio, no te quedes con las ganas de comunicarte con nosotros y el resto de la comunidad.

Si tienes una colaboración y quieres que se publique aquí, mándala en anexo en un correo electrónico a: lujanortega@yahoo.com.mx

Dedicado a Genaro Delgado, Jorge Monroy y Miguel Canseco
Esperando que haya valido la pena y que les sea leve.
El Rocanrol no hace caricias

Ten Years After

Hace un buen de años tuve ¿la suerte? de conocer a Héctor Castillo, y, aunque ustedes no lo crean, éramos chavos. Con mi banda de ese entonces, (y la misma de ahora), estábamos buscando un tecladista, y Héctor llegó acompañando al que sería el escogido: Javier Vila, mismo que había sido su compañero de ruta en otras bandas, desde jovenzuelos. Ese día, Javier hizo la prueba y se quedó y al final del ensayo, como debe de ser en un grupo de rock que se respete, celebramos con unas bebidas refrescantes y un palomazo en el que el maestro Castillo demostró sus dotes de baterista, amén de cantar con un entusiasmo digno de mejor causa y de “solear” con un instrumento desconocido para nosotros: “el Kazoo”.

Pasó el tiempo, Javier dejó la banda para irse con Qual y luego con el Ritmo Peligroso, dejándonos como herencia maldita, al futuro Doctor Castillo Berthier, para entonces ya convertido en el aporreador de tambores del grupo.

En esas épocas, como jóvenes, como músicos y como rebeldes que éramos, compartíamos las mismas broncas a las que los gobiernos priístas nos habían llevado: pocas oportunidades de trabajo, sin lugares donde tocar, donde grabar un disco, donde expresarnos, donde tomarnos una chelita oyendo a otras bandas y andar escondiéndose de la “justicia” y de los adultos cuadrados que nos veían como “esos vagos, malvivientes y marihuanos” solo por andar “greñudos” y por nuestro gusto por “esa música del demonio” como siempre han considerado al buen rockciano.

Ya con el espíritu comunitario en el pecho y con una historia de incipiente luchador social juvenil en sus queridos barrios de la Merced y Jamaica, Héctor nos platicaba sus sueños de realizar acciones que lograran mejorar las condiciones de los chavos, más comunes que corrientes y de los artistas jóvenes, que por cierto, se dan como florecitas silvestres en nuestra querida chilangolandia.

Nosotros, que nos dedicábamos a otros asuntos para sobrevivir, lo escuchábamos entre comprensivos e incrédulos, como gallinas viendo culebra pues (y lo digo en ambos sentidos) y le dábamos la viada, seguros de que tarde o temprano abandonaría la empresa y se convertiría en otro soñador frustrado.

Por un tiempo nuestros caminos musicales se apartaron, Héctor se fue a triunfar con la Cecilia Toussaint en Arpía y a seguir taloneando al estudio hasta volverse un Doctor en Sociología y nosotros seguimos dándole al trabajo fecundo y creador y tratando, con éxito, de que Abril sobreviviera.

Pero como cuates, no nos separamos, y así vimos como desde hace 20 años fue empezando a concretar sus sueños, a trabajar con y para los chavos, con trabajo de investigación, haciendo concursos de bandas (Rock en la Selva de Asfalto), programas de radio, (El Túnel y Solo para Bandas) y acercándose a los jóvenes de los sectores populares (con los jodidos pues) para conocer sus inquietudes de cerca, sus necesidades y sus carencias, para así poder concretar lo que siempre había buscado: un lugar donde los chavos pudieran hacer todo lo que se nos antojaba años atrás.

¿Qué dice la banda?

Así, hace 10 años nació ese lugar, el Circo Volador; donde con grandes dosis de sangre, sudor y lágrimas, de friega y lucha contra todo y la invaluable cooperación de mucha gente, se ha convertido en un referente para la cultura alternativa de esta ciudad.

Afortunadamente para mí, hace 7 años me sumé a esta trouppe y estoy feliz de haberlo hecho, por lo que se ha hecho y por la gente que he conocido.

En este texto no les voy a contar la historia, de lo que ha ocurrido en este tiempo, si le rascan por ahí la van a encontrar, solo quería anotar que son los primeros 10 años; que Héctor y yo tarde o temprano pasaremos la estafeta a otros y que espero que sean ustedes los jóvenes de hoy, los que le den continuidad a lo que Héctor un día dijo que era… “Una Utopía hecha Realidad”.

Salud.
Víctor Manuel Trejo G.
Director de Circo Volador

 

 

 

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